Quiero decir a todos y a cada uno de los que me acompañan en este viaje, y no dejan de sumarse, desde el fondo de mi ser, y con todo mi corazón: GRACIAS.
Muchos años pensé que estaba sola en mis sueños... Sin embargo no podía dejar de creer, querer, llorar y rezar. Y nunca de mis ojos se podía borrar esa imagen de amor y hermandad que existe en el fondo de todos nuestros corazones... porque todos, lo sepamos o no, guardamos en nuestras almas el recuerdo y la nostalgia de esa Tierra Prometida de la que nosotros mismos nos expulsamos... de esa época dorada donde el oro no existía y éramos todos una gran familia.
En la Independencia Americana, por primera vez en la historia, se reconoció el derecho a ser felices. Pero la felicidad no solo es un derecho, sino también un deber, y nuestra felicidad nunca podrá ser completa si vemos a nuestros hermanos sufrir... nuestro cuerpo no puede estar sano si algunos de sus miembros están enfermos. Por eso sé que todos lloramos lagrimas de sangre por nuestros hermanos en Medio Oriente y en todo el mundo donde se sufre opresión e injusticia. Y hoy más que nunca nos unimos para ayudar que de tanta oscuridad, surja la luz...
Gracias a todos por compartir mi dolor, mis sueños y mi lucha, que ahora puedo, gracias a vosotros, decir con alivio y sin temor que son nuestros! Y el yo se convierte en un nosotros, las lagrimas en manantial, y los sueños en la promesa de un mundo posible a pesar de toda la oscuridad y el dolor... un mundo donde reine la paz y la justicia. Y pueda abrirse el camino para que lleguen "esos días tan fructuosos y benditos que la gente anhelará que sus muertos regresen a la vida y a este mundo...”.
Ahora , gracias a todos vosotros. No solo creo sino que sé que es posible y que está próximo. Porque sé que entre todos y todos juntos podemos! Y que la hora más oscura es la que precede al alba.
Marina de Chateaubriand